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jueves, 9 de diciembre de 2010

Miradas ciegas


Fotografía de Chris Anthony

“- Cuando alguien busca – continuo Siddharta -, fácilmente puede ocurrir que su ojo solo se fije en lo que busca; pero como no lo halla tampoco deja entrar en su ser otra cosa, ya que unicamente piensa en lo que se busca, tiene un fin y está obsesionado con esa meta. Buscar significa tener un objetivo. Encontrar, sin embargo, significa estar libre, abierto, no necesitar ningún fin. Tú, venerable, quizás eres realmente uno que busca, pues persiguiendo tu objetivo, no ves muchas cosas que están a la vista.”

Fragmento del libro "Siddhartha" de Hermann Hesse

viernes, 30 de julio de 2010

Soledad Matemática


Fotografía: Misha Gordin

“Los números primos sólo son exactamente divisibles por 1 y por sí mismos. Ocupan su sitio en la infinita serie de los números naturales y están, como todos los demás, emparedados entre otros dos números, aunque ellos más separados entre sí. Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error, como perlas ensartadas en un collar, y otras veces que también ellos querrían ser como los demás, números normales y corrientes, y que por alguna razón no podían. Esto último lo pensaba sobre todo por la noche, en ese estado previo al sueño en que la mente produce mil imágenes caóticas y es demasiado débil para engañarse a sí misma.

En primer curso de la universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos aislados, como perdidos en ese espacio silenciosos y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sensación de que la parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando, ya cansados de contar, nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con otros dos gemelos estrechamente unidos. Es convencimiento general entre los matemáticos que, por muy atrás que quede la última pareja, siempre acabará apareciendo otra, aunque hasta ese momento nadie pueda predecir donde.

Mattia pensaba que él y Alice eran eso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos. A ella no se lo había dicho. Cuando se imaginaba confiándole cosas así, la fina capa de sudor que cubría sus manos se evaporaba y durante los siguientes diez minutos era incapaz de tocar nada…”

Fragmento del libro: "La soledad de los números primos"
Autor: Paolo Giordano

viernes, 18 de diciembre de 2009

Rosa


Fotografía: Chema Madoz

"Yo también hablo de la rosa.
Pero mi rosa no es la rosa fría ni la de piel de niño,
ni la rosa que gira tan lentamente que su movimiento es una misteriosa forma de la quietud.
No es la rosa sedienta, ni la sangrante llaga, ni la rosa coronada de espinas, ni la rosa de la resurrección.
No es la rosa de pétalos desnudos, ni la rosa encerada, ni la llama de seda, ni tampoco la rosa llamarada.
No es la rosa veleta, ni la ulcera secreta, ni la rosa puntual que da la hora, ni la brújula rosa marinera. No, no es la rosa rosa sino la rosa increada, la sumergida rosa, la nocturna, la rosa inmaterial, la rosa hueca.
Es la rosa del tacto en las tinieblas, es la rosa que avanza enardecida, la rosa de rosadas uñas, la rosa yema de los dedos ávidos, la rosa digitalla rosa ciega.
Es la rosa moldura del oído, la rosa oreja, la espiral del ruido, la rosa concha siempre abandonada en la más alta espuma de la almohada.
Es la rosa encarnada de la boca, la rosa que habla despierta como si estuviera dormida.
Es la rosa entreabierta de la que mana sombra, la rosa entraña que se pliega y expande evocada, invocada, abocada, es la rosa labial, la rosa herida.
Es la rosa que abre los parpados, la rosa vigilante, desvelada, la rosa del insomnio desojada.
Es la rosa del humo, la rosa de ceniza, la negra rosa de carbón diamante que silenciosa horada las tinieblas y no ocupa lugar en el espacio."

Nocturno de la rosa de Xavier Villaurrutia

miércoles, 5 de agosto de 2009

Diagnóstico acertado


Fotografía: Chema Madoz

"Yo nunca insulto, caballero, diagnostico.
(…)
Son los lectores-rana. Constituyen la inmensa mayoría de los lectores humanos y, sin embargo, no descubrí su existencia hasta muy tarde. Soy tan ingenuo. Creía que todo el mundo leía como yo; yo leo igual que como: no significa únicamente que lo necesito, significa sobre todo que entra dentro de mis cálculos y que los modifica. Uno no es el mismo si ha comido morcilla que si ha comido caviar; uno tampoco es el mismo si acaba de leer a Kant (Dios me preserve de hacerlo) o a Queneau. Por supuesto cuando digo “uno” debería decir “yo y algunos más”, ya que la mayoría de gente emerge de Proust o de Simenon sin inmutarse, sin haber perdido ni un ápice de lo que eran antes y sin haber adquirido un ápice de más. Han leído, eso es todo: en el mejor de los casos, saben “de qué se trata”.
(…)
Uno nunca es el mismo después de leer un libro, aunque sea del modesto Léo Malet: un Léo Malet le cambia a uno. Después de leer a Léo Malet , uno ya no mira a las chicas con impermeable como las miraba antes."

Higiene del asesino de Amélie Nothomb

domingo, 2 de agosto de 2009

Así era ella, así soy yo


Fotofragía: Carl Warner

"Las ideas las tenía yo, ella las ponía en práctica. En general a mí las ideas se me ocurrían cuando espantaba recuerdos o cuando sentado a mi escritorio de ideas jugueteaba con la réplica del puñal de Sandokán, o miraba arder el fuego de la salamandra o miraba el cielo a través de la ventana. Yo hubiera querido, y se lo dije a ella muchas veces, que todas las ideas hubieran sido sometidas a un control estricto de calidad. Yo quería tirar las ideas sobre el escritorio de ideas, atacarlas por los cuatro costados, ver hasta dónde resistían, hasta dónde eran viables y después hasta dónde eran redituables. Pero ella las ponía en práctica enseguida. Así era ella."

"Cerrado por melancolía" de Isidoro Blaisten

miércoles, 29 de julio de 2009

Ignorante segregación


Pintura: Las Señoritas de Avingon
Autor: Pablo Picasso

"- No olvide que no sólo Sócrates era feísimo, sino que muchas amantes famosas tampoco destacaban por su perfección corporal. El racismo estético es casi siempre una manifestación de inexperiencia. Los que no han penetrado excesivamente en el mundo de los placeres amorosos, sólo pueden juzgar a las mujeres por lo que ven. Pero los que de verdad las conocen saben que los ojos sólo pueden comunicar una mínima fracción de lo que una mujer puede brindarnos."

La despedida de Milan Kundera

miércoles, 22 de julio de 2009

Creo, luego existo


Fotografía: Horst

"Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, para soltar las riendas de la verdad dentro de nosotros, para demorar la noche, para trascender la muerte, para congraciarnos con los pájaros, para ganarnos la confianza de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de los choques de autos, en la paz de los bosques sumergidos, en la excitación de las playas de vacaciones cuando están desiertas, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de muchos pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en el vuelo, en la belleza de las alas y en la belleza de todo lo que ha volado siempre, en la piedra arrojada por un chico con la misma sabiduría de los estadistas y de las parteras.
Creo en la inexistencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en los dolores de cabeza, en el aburrimiento de los atardeceres, en el miedo de los calendarios, en la traición de los relojes.
Creo en la muerte del mañana, en la fatiga del tiempo, en nuestra búsqueda de un tiempo nuevo dentro de la sonrisa de las azafatas en los ómnibus de larga distancia y dentro de los ojos cansados de los hombres que controlan el tránsito en los aeropuertos fuera de temporada.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en el absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en el propósito asesino de la lógica.
Creo en las adolescentes , en como se corrompen a sí mismas por la posición que adoptan sus largas piernas, en la pureza de sus cuerpos desarreglados, en los vellos púbicos que dejan en los baños de los telos mas infames.
Creo en la delicadeza de los bisturíes quirúrgicos ,en la ilimitada geometría de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la charlatanería de los planetas, en la repetitividad de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y en el aburrimiento del átomo.
Creo en la muerte de las emociones y en el triunfo de la imaginación.
Creo en todas las excusas
Creo en todas las razones
Creo en todas las alucinaciones
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías, evasiones
Creo en el misterio y en la melancolía de una mano, en la gentileza de los árboles, en la sabiduría de la luz."

"Creo" de James Graham Ballard

lunes, 20 de julio de 2009

Incoherencia opaca


Fotografía: Ricardo Salamanca

"Vagabundeé mentalmente durante varias semanas, buscando la manera de empezar. Toda vida es inexplicable me repetía. Por muchos hechos que cuenten; por muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a ser contado. Decir que fulanito nació aquí y fue allá; que hizo esto y aquello, que se casó con esta mujer y tuvo estos hijos, que vivió, que murió, que dejo tras sí estos libros o esta batalla o ese puente, nada de eso nos dice mucho. Todos queremos que nos cuenten historias, y las escuchamos del mismo modo que las escuchábamos de niños. Nos imaginamos la verdadera historia dentro de las palabras y para hacer esto sustituimos a la persona del relato, fingiendo que podemos entenderle porque nos entendemos a nosotros mismos. Esto es una superchería. Existimos para nosotros mismos, quizá, y a veces incluso vislumbramos quiénes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan; nos volvemos cada vez más opacos; más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la frontera que lo separa del otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a si mismo. "

Libro: "La trilogía de Nueva York"
Autor: Paul Auster

domingo, 12 de julio de 2009

Instante mortífero


Fotografía: Chema Madoz

"Pensé que me bastaba dar media vuelta y todo quedaría concluido. Pero toda una playa vibrante de sol apretábase detrás de mí. Di algunos pasos hacia el manantial. El árabe no se movió. A pesar de todo, estaba todavía bastante lejos. Parecía reírse, quizá por el efecto de las sombras sobre el rostro. Esperé. El ardor del sol me llegaba hasta las mejillas y sentí las gotas de sudor amontonárseme en las cejas. Era el mismo sol del día en que había enterrado a mamá y, como entonces, sobre todo me dolían la frente y todas las venas juntas bajo la piel. Impelido por este ardor que no podía soportar más, hice un movimiento hacia adelante. Sabía que era estúpido, que no iba a librarme del sol desplazándome un paso. Pero di un paso, un solo paso hacia adelante. Y esta vez, sin levantarse, el árabe sacó el cuchillo y me lo mostró bajo el sol. La luz se inyectó en el acero y era como una larga hoja centelleante que me alcanzara en la frente. En el mismo instante el sudor amontonado en las cejas corrió de golpe sobre mis párpados y los recubrió con un velo tibio y espeso. Tenía los ojos ciegos detrás de esta cortina de lágrimas y de sal. No sentía más que los címbalos del sol sobre la frente e, indiscutiblemente, la refulgente lámina surgida del cuchillo, siempre delante de mí. La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que- daba en la puerta de la desgracia. "

Fragmento del libro " El extranjero "
Autor: Albert Camus

sábado, 4 de julio de 2009

Belleza inquebrantable


Pintura: La maja desnuda
Autor: Francisco Goya

"El cuerpo de Naoko era tan perfecto que no logró excitarme. Me limité a contemplar, atónito, la preciosa curva de la cintura, los pechos redondos y lustrosos, el vientre esbelto que vibraba en silencio con su respiración y, debajo, la sombra de su vello púbico negro y suave."

Libro: Norwegian Wood
Autor: Haruki Murakami

viernes, 3 de julio de 2009

Alea jacta est


Fotografía: Markus Hartel

" Es simpático, agradable, e invariablemente dan ganas de invitarlo a las reuniones. Su más o menos fino sentido del humor se manifiesta a la primera oportunidad. Por ejemplo, alguien cuenta un chiste o menciona alguna anécdota graciosa de algún personaje público, y entonces él ríe a carcajadas. Su risa contagia. En el acto las mujeres reparan en él. Algo tiene diferente, quizás es más distinguido, o ha corrido más mundo. Pero la vida la tiene en un puño. Piensan. Acepta la primera copa. Su garganta no reconoce preferencias. Le da lo mismo si le ofrecen vino, tequila, ron o whisky. Apura el contenido y pide la segunda. Para enseguida consumir la tercera. Se ha agudizado su inteligencia, su sensibilidad ahora es más fina. Comenta con certeza y gracia algún acontecimiento próximo, la última película que ha visto o el descubrimiento de algunas ruinas. Utiliza el sarcasmo con maestría. No es excesivo en sus apreciaciones. Más de un hombre lo escucha con interés. La verdad, con dos copas y media es mucho más interesante. Deja que los demás charlen, que la conversación tome el rumbo dictado por el azar. Porque respeta el azar. Piensa que la mitad de la vida de los hombres la construye la suerte, justo aquello que no está en las manos de nadie. "

Aquél cuyos ojos se colman de lágrimas (fragmento)

Autor: Eusebio Ruvalcaba

miércoles, 1 de abril de 2009

Ocupado


Fotografía: Natasha Gudermane

"¡Qué idiotas me parecen quienes, con aire de importancia se jactan de tener 'sólo un par de minutos' para esto o aquello! El tiempo, el fluir de la vida, la vida misma, sólo pueden apreciarse si se concentra uno en él o en ella, totalmente. O se lo pierde. Se la pierde. El apurado es un papamoscas, un atolondrado, un cabeza de chorlito. De tanto 'ganar tiempo' se le escurre entre las manos y llega un día a la tumba sin resuello ni idea de dónde estuvo y qué ha vivido".

Fernando Villegas "El Chile que no queremos"

sábado, 17 de enero de 2009

Embestidas


Fotografía: Anoush Abrar & Aimée Hoving

"Acelera las embestidas cada vez que sus ojos tropiezan con los zapatos de tiritas abandonados en el suelo al lado de su americana, como si el pálido fulgor blanquecino en la penumbra del cuarto ejerciera sobre él un extraño magnetismo, como si la fantasmal insolencia que ha dejado en los zapatos el erguido empeine que los calzaba unos minutos antes prefigurase otros pies en otros ámbitos, en otra penumbra y en otro arrebato más febril y desesperado, mientras María, de bruces sobre la mesilla de noche, junto a la cama sin deshacer, aguanta el acoso con los ojos cerrados, debatiéndose entre el placer y el dolor, con la falda subida y sin desnudarse del todo, como si hubiese sido sorprendida por el apremio y la brutalidad de Raúl. Gime y protesta e intenta darse la vuelta, pero él la sujeta firmemente contra la mesilla hasta vencer su resistencia. Lo hace con una premura falaz y una premeditada violencia, con una aparente urgencia sexual que esconde una secreta revancha, el deseo de hacer daño y hacérselo a él mismo. Cuando termina, hunde la cara en los cabellos de María, que se vuelve hacia él llorosa y apenada, intentando comprender. Con ambas manos levanta la cabeza abatida de Raúl y busca sus ojos."

Fragmento: "Canciones de amor en Lolita's Club"
Autor: Juan Marsé

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Más vale paja en mano que ciento violando o todo a cien


Fotografía: Natasha Gudermane


Poemiga de Luis Eduardo Aute

sábado, 22 de noviembre de 2008

Palabras envolventes


Fotografía: Anoush Abrar & Aimée Hoving

"Yo no hacía nada. Me mantenía erguida en mi taburete alto. Sólo escuchaba.

Y sabía que, a pesar mío, él notaba cómo crecía mi deseo al compás de sus palabras, conocía la fascinación que en mí ejercían sus frases dulzonas:

- Apuesto a que tus braguitas ya están húmedas. Te gusta que te hable, ¿eh? Te gustaría gozar sólo con palabras… Tendría que seguir diciéndote cosas todo el tiempo… ¿Ves? si te tocara sería como mis palabras… Por todas partes, suavemente, con la lengua… Te tomaría en mis brazos, haría contigo todo lo que deseara, serías mi muñeca, mi pequeña a quien mimar, y tú quisieras que no se acabara nunca… "

Fragmento de "El carnicero"
Autora: Alina Reyes

sábado, 15 de noviembre de 2008

... por el desagüe, gracias


Fotografía: Chema Madoz

"Sólo existe un juez definitivo de la escritura, y es el escritor. Cuando se deja llevar por los críticos, los directores editoriales, los editores, los lectores, está acabado. Y, por supuesto, cuando se deja llevar por su fama y fortuna, lo puedes tirar al río con la demás mierda."

Fragmento de "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco"
Autor: Charles Bukowski

jueves, 13 de noviembre de 2008

Según el cristal


Fotografía: LSD s.r.l

"El designio de ser felices que nos impone el principio del placer es irrealizable; mas no por ello se debe –ni se puede- abandonar los esfuerzos por acercarse de cualquier modo a su realización. Al efecto podemos adoptar muy distintos caminos, anteponiendo ya el aspecto positivo de dicho fin –la obtención del placer-, ya su aspecto negativo –la evitación del dolor-. Pero ninguno de estos recursos nos permitirá alcanzar cuanto anhelamos. La felicidad, considerada en el sentido limitado, cuya realización parece posible, es meramente un problema de la economía libidinal de cada individuo. Ninguna regla al respecto vale para todos; cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Su elección del camino a seguir será influida por los más diversos factores. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste; por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. "

Fragmento de "El malestar en la cultura" de Sigmund Freud

sábado, 8 de noviembre de 2008

El universo como calcetín


"Hay multitud de cosas a las que no se puede volver del revés sin que llamen seriamente la atención: un ornitorrinco, por ejemplo, causaría el espanto por doquier. Y no hay que irse tan lejos: a usted o a mí nos ponen con los huesos al aire libre y la piel sumida en las profundidades corporales, y no llegamos ni a la esquina sin que nos hayan abatido a pedradas. A la persona con menos doble intención del universo le das la vuelta y se convierte en algo insólito. Pero no pensemos en los ornitorrincos, ni en los laringólogos: un simple canario con las plumas por dentro y el estómago por fuera nos pondría los pelos de punta. Así que imagínense una casa, una nevera, un microondas, una estilográfica, un lavavajillas. Con todo, nada sería tan llamativo como un cajero automático con sus riñones, sus pulmones, su páncreas, todas sus vísceras, en fin, al aire libre, incluido el dinero. ¿Quién tendría la sangre fría de introducir una tarjeta en ese monstruo?
Las cosas no son iguales por el lado de dentro y por el de fuera, eso está claro. De hecho, las prendas reversibles fascinan por lo que se percibe en ellas de anormal. Uno se las compra con la idea de ir cada día de un color, pero lo cierto es que luego siempre se llevan del mismo, porque uno de los lados, inexplicablemente, desarrolla en seguida una extraña vocación de forro. O de víscera. Nunca le hemos dado la vuelta a una lombriz, pero incluso ese animal tan poco complejo debe de tener el exterior un poco diferente al interior.
Sólo hay un ser, que se encuentra por cierto en la frontera entre el mundo animal e inerte, al que le puedes dar la vuelta sin que nadie, ni él mismo, lo advierta: el calcetín. Es más: lo normal es que tengamos que mirarlo atentamente para no ponérnoslo del revés por las mañanas. Claro, que no todos los calcetines son iguales. Los que yo llevaba de pequeño, blancos y cortos por lo general, eran absolutamente inofensivos, como los gusanos de seda, que cultivábamos en cajas de zapatos. Los peligrosos, los enigmáticos, los impenetrables, eran los calcetines negros y largos de los adultos. Muchas veces me acercaba clandestinamente al armario de mi padre, tomaba entre mis manos uno de aquellos seres oscuros y alargados y me lo llevaba a mi cuarto, donde intentaba comprenderlo. Recuerdo que, con cierta aprensión, introducía la mano hasta el final y le daba la vuelta para comprobar, fascinado, que era incomprensible por ambos lados. Nunca logré averiguar de qué se alimentaban. Tampoco hoy, que utilizo unos muy parecidos, he llegado a saberlo. Y, sin embargo, observándolos sobre la moqueta, tan largos y tan negros, he tenido con frecuencia la certidumbre de que hacían disimuladamente la digestión de algo: tal vez de nuestros callos o durezas. En ellos se simboliza para mí la complejidad simple del universo, al que imagino como un inmenso calcetín que unas veces está de un lado y otras de otro sin que sepamos cuándo ni por qué. De ahí, quizá, las variaciones en los estados de ánimo que van del lunes al martes o del martes al miércoles. Si no, es que no se explican."

Una explicación científica de Juan José Millás

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Entrar en la tierra


Fotografía: Natasha Gudermane

"A cuatro patas, Babe se acercó al tragaluz. Debido a la humedad del jardín y a su sudor, el satén se le pegaba a sus carnes blancas, calientes, palpitantes, dotadas de propia vida, una vida animal, incontrolable y triunfante. El aire fresco era una bendición para sus nalgas, expuestas a la brisa. Un fuerte olor a tierra y a barro le subió hasta sus fosas nasales. Sobre sus ojos caían sus cabellos de rubia teñida. Al retirarlos, se embarró las mejillas con los dedos, que estaban manchados. Le entraron ganas de comerse la fragante hierba mojada que tenía a unos centímetros de la cara, y también la tierra. La tierra, enriquecida con todos los muertos que había absorbido, era buena y traía paz. Cualquier cuerpo habría tenido ganas de entrar en la tierra o de hacer que la tierra entrara en él."

Fragmento de "Satistaction" de Alina Reyes

jueves, 30 de octubre de 2008

Violento Eros


Fotografía: Chris Anthony

" La violencia nos abruma extrañamente en ambos casos, ya que lo que ocurre es extraño al orden establecido, al cual se opone esta violencia. Hay en la muerte una indecencia, distinta, sin duda alguna, de aquello que la actividad sexual tiene de incongruente. La muerte se asocia a las lágrimas, del mismo modo que en ocasiones el deseo sexual se asocia a la risa; pero la risa no es, en la medida en que parece serlo, lo opuesto a las lágrimas: tanto el objeto de la risa como el de las lágrimas se relacionan siempre con un tipo de violencia que interrumpe el curso regular, el curso habitual de las cosas. Evidentemente el torbellino sexual no nos hace llorar, pero siempre nos turba, en ocasiones nos trastorna y, una de dos: o nos hace reír o nos envuelve en la violencia del abrazo... es debido a que somos humanos y a que vivimos en la sombría perspectiva de la muerte el que conozcamos la violencia exasperada, la violencia desesperada del erotismo. "

Fragmento de "Las lágrimas de Eros"
Autor: Georges Bataille